amapolas en octubre. sylvia plath

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Ni las nubes del sol podrían vestir una pollera así esta mañana.

Ni la mujer de la ambulancia, ni su corazón rojo

que desquiciado florece y atraviesa su abrigo.

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Es un regalo, un regalo de amor

que nunca pidió

este cielo

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pálido y flameante

encendido de monóxido, ni los ojos

que de golpe se detienen bajo esos sombreros negros.

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¿Y yo qué soy, Dios?

¿Por qué ahora se abren y gritan estas bocas

en un bosque de hielo, en un amanecer de flores azules?

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En el día del traductor, me doy el gusto de hacer una personal versión de este poema del libro Ariel, luego de la excelente traducción de Ramón Buenaventura para Hiperión (que pueden leer, junto al poema original, aquí). Espero les guste, feliz día a todos, ¡que todos somos traductores!

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