Bertolt Brecht

María

La noche de su primer parto había sido

fría. En los años que siguieron ella

fue olvidando

la escarcha de las rústicas vigas y la estufa humeante

los ahogos con los restos del alumbramiento hacia la madrugada.

Pero sobre todo olvidó la amarga vergüenza

de  no poder estar sola,

que es patrimonio de los pobres.

Y esa fue una de las razones por la que

en años venideros el hecho sería celebrado con una fiesta

en la que todos estuvieran presentes.

Se acallaron los groseros comentarios de los pastores.

(Más tarde en la historia se transformaron en reyes.)

El aullido del viento helado

se transformó en coro de ángeles.

Sí, y del agujero del techo, por donde entraba la escarcha,

sólo quedó la estrella, que los observaba.

Todo eso

lo reflejaba la cara de su hijo, al que sentía liviano,

que amaba la música,

que se rodeaba de pobres,

que tenía la costumbre de vivir entre reyes

y ver una estrella sobre su cabeza por las noches.

De las Poesías de Navidad, en 80 poemas y canciones, traducción de Jorge Hacker

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