Descubrimiento

¿Y las piqueteras? ¿Creés que hay una mirada distinta cuando ese sujeto encarna en un cuerpo de mujer?
–Lo que hay que decir en primer lugar, cuando una habla de América latina y el campo militante, es que la presencia de la mujer es central, sobre todo en las clases populares. Es la gran articuladora. No sólo en lo que tiene que ver con desarrollo del tejido asistencial sino también con protagonismo político. Y es algo que ha implicado todo un proceso de empoderamiento. Cuando yo hice el trabajo sobre organizaciones piqueteras, y te estoy hablando del año 2002, a mí me sorprendió mucho ver ciertas actitudes de mujeres piqueteras, por ejemplo en la Corriente Clasista y Combativa, que se autolimitaban. Y que por ejemplo tenían miedo de hablar en público, en contraste con un gran trabajo comunitario. Ellas clamaban por más protagonismo pero a la vez reconocían el liderazgo masculino. Yo creo que ha habido mucho cambio en los últimos años, sobre todo desde 2002 en adelante.

¿A qué atribuís ese cambio?
–Porque desde entonces se configura un campo multiorganizacional que va desde las fábricas recuperadas, los colectivos culturales, cierto sindicalismo; el surgimiento de las organizaciones ambientales, y por supuesto las organizaciones piqueteras. Y es a partir de ahí que surgen otros espacios de circulación y de construcción de discursos identitarios y es ahí donde las mujeres comienzan a empoderarse, a partir de la consolidación de su participación en Encuentros de Mujeres, por ejemplo, y el desarrollo al interior de las propias organizaciones de desocupados de espacios de mujeres o de género (…)

¿No resulta más amenazador aun un liderazgo femenino, en tanto que la distancia hacia esa otra es prácticamente insalvable?
–No estoy segura. Aunque sí es evidente que hay una crítica a la no autolimitación. Pero a ver, cuando una piensa en movimientos históricos liderados por mujeres el rol siempre ha sido fundamental. Por ejemplo, el movimiento de Derechos Humanos: las Madres de Plaza de Mayo politizaron lo impolitizable. Es cierto, lo hicieron desde el lugar de madres. Pero dentro del movimiento piquetero también: en los orígenes, los primeros levantamientos comunitarios, tanto en Cutral-Có como en General Mosconi, las que lideraron las demandas de trabajo en nombre del hambre de sus hijos fueron las mujeres. Pero es cierto, lo hicieron desde un rol tradicional, ellas no son proveedoras pero tienen que asegurar la supervivencia. Y la verdad es que las mujeres le dieron tal fuerza al reclamo que pasó a ser urgente y ya no se lo vio como un reclamo político nada más. Fue un descubrimiento.

El problema es cuando queda totalmente velado el rol materno.
–Y sí, se le critica la no autolimitación. Sobre todo desde un discurso que la masculiniza. En ese sentido puede ser que se pague. Yo que trabajé el tema de los countries, en los asesinatos famosos en que las víctimas son mujeres hubo algo más que voyeurismo en la búsqueda del detalle de su vida privada, se la condenaba no solamente a ella como víctima sino directamente la libertad sexual. Era ejemplificador. En este caso tiene que ver con la libertad política, convertirse en referente en un mundo que les pertenecía a los hombres.

Parte de la entrevista a Maristella Svampa publicada el viernes pasado en Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5269-2009-11-01.html

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