La derecha asustada


El susto “chavista”
Como pocas veces, la burguesía argentina de los grandes grupos cerró filas detrás de una de sus naves insignia en una guerra imaginaria contra un nuevo bolchevismo latinoamericano. En menos de 24 horas, entre el jueves 21 de mayo cuando ocurrió el hecho y la mañana del sábado 23, la prensa comercial argentina se llenó de titulares armagedónicos que anunciaban cataclismos revolucionarios en un país del Caribe.

Quince entidades empresarias saltaron y formaron una muralla que parecía inexpugnable. (…) Todo porque el gobierno de Chávez decidió ejercer el derecho soberano a comprar a precio internacional tres empresas que producen briquetas y tubos sin costura, con el objetivo de acoplarlas a un plan de desarrollo económico integral endógeno. (…) Esta reacción cerradamente de clase y corporativa tiene su explicación en los hechos desconocidos que condujeron a las nacionalizaciones. Las tres empresas argentinas, como las otras de otros capitales del mundo (Japón, Australia, etc.), traían a cuestas un enfrentamiento insostenible de más de dos años. Pero no con el gobierno venezolano, sino con los trabajadores y sindicatos clasistas de Ciudad Guayana, donde se encuentra el mayor emporio minero-sidero-metalúrgico del país. (…)

Estas inversiones, como las de otros orígenes nacionales establecidas en el país caribeño desde el plan de privatización de 1995-1996, olvidaron un pequeño detalle cuando facturaban. Las reglas neoliberales de vida social, sindical, económica y política comenzaron a caducar oficialmente en 1999, aunque su derrota comenzó diez años antes con el Caracazo. Un resultado de ese aprendizaje acelerado fue un intenso taller de 48 horas realizado por los trabajadores, técnicos e ingenieros de las plantas de Guayana, el 18 y 19 de mayo. De ese taller, acordado con el presidente Hugo Chávez un día antes de viajar a firmar acuerdos en la Argentina, salió el programa de reconversión y reorganización de las plantas al servicio de un plan nacional de desarrollo endógeno; las nacionalizaciones, la nueva gestión bajo control obrero y el 20 por ciento de salario reducido a los altos gerentes y aumentado a los trabajadores en el mismo acto. Además de la activación de la Universidad de los Trabajadores, prohibida por Techint en Sidor en 2007, aunque implementada en Campana en 2009, bajo criterios neoliberales, claro.

Pasado el susto y vuelta la cordura empresaria, ellos sólo esperan lo que más les gusta: la billetera de Chávez.

Modesto Emilio Guerrero
Escritor y periodista venezolano
Texto completo: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/125651-40172-2009-05-27.html

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