La que camina . Gabriela Mistral . Locas mujeres . como ella vagabunda

Aquel mismo arenal, ella camina
siempre hasta cuando ya duermen los otros;
y aunque para dormir caiga por tierra
ese mismo arenal sueña y camina.
La misma ruta, la que lleva al Este
es la que toma aunque la llama el Norte,
y aunque la luz del sol le da diez rutas
y se las sabe, camina la Única.
Al pie del mismo espino se detiene
y con el ademán mismo lo toma
y lo sujeta porque es su destino.

La misma arruga de la tierra ardiente
la conduce, la abrasa y la obedece
y cuando cae de soles rendida
la vuelve a alzar para seguir con ella.
Sea que ella la viva o que la muera
en el ciego arenal que todo pierde,
de cuanto tuvo dado por la suerte
esa sola palabra ha recogido
y de ella vive y de la misma muere.

Igual palabra, igual, es la que dice
y es todo lo que tuvo y lo que lleva
y por su sola sílaba de fuego
ella puede vivir hasta que quiera.
Otras palabras aprender no quiso
y la que lleva es su propio sustento
a más sola que va más la repite
pero no se la entienden sus caminos.
¿Cómo, si es tan pequeña la alimenta?
¿Y cómo si es tan breve la sostiene
y cómo si es la misma no la rinde
y a dónde va con ella hasta la muerte?
No le den soledad por que la mude,
ni palabra le den, que no responde.
Ninguna más le dieron, en naciendo,
y como es su gemela no la deja.
¿Por qué la madre no le dio sino ésta?
¿Y por qué cuando queda silenciosa
muda no está, que sigue balbuceándola?
Se va quedando sola como un árbol
o como arroyo de nadie sabido
así marchando entre un fin y un comienzo
y como sin edad o como en sueño.
Aquellos que la amaron no la encuentran,
el que la vio la cuenta por fábula
y su lengua olvidó todos los nombres
y sólo en su oración dice el del Único.

Yo que la cuento ignoro su camino
y su semblante de soles quemado,
no sé si la sombrean pino o cedro
ni en qué lengua ella mienta a los extraños.

Tanto quiso olvidar que le ha olvidado.
Tanto quiso mudar que ya no es ella,
tantos bosques y ríos se ha cruzado
que al mar la llevan ya para perderla,
y cuando me la pienso, yo la tengo,
y le voy sin descanso recitando
la letanía de todos los nombres
que me aprendí, como ella vagabunda;
pero el Ángel oscuro nunca, nunca,
quiso que yo la cruce en los senderos.

Y tanto se la ignoran los caminos
que suelo comprender, con largo llanto,
que ya duerme del sueño fabuloso,
mar sin traición y monte sin repecho,
ni dicha ni dolor, nomás olvido.

.

Poema de la serie “Locas Mujeres”, del libro Lagar (1954)

.

Como dice Verónica Zondek aquí, en estos poemas Mistral es todas: “yo soy todas y todas son yo, y eso es lo que hay, sobre eso me paro, desde ahí hablo, soy y me asumo”.

 

 

Circe Maia . Poemas de Caraguatá (Imagen final). El aire te sostiene

I

A la hora final
cada uno tendrá su pequeño paisaje
para borrar con él esa penumbra
de habitación de enfermo.

Este trozo de río no está mal, por ejemplo,
para guardarlo así: las costas verdes
rodeándolo, brillante, silencioso.

Y son dos movimientos:
mientras el bote avanza
sin ruido, hacia delante,
la imagen, al contrario,
va hacia atrás, silenciosa,
abriendo el pensamiento
y ancla profundamente.

Cuando toque soltar amarras
de una vez para siempre
el viajero no habrá de ver los muros
–frascos, cama, remedios–
sino este río inmóvil
bajo la luz del sol, resplandeciente.

II

Pequeños paraísos imperfectos
y aún así, aún así, paradisíacos
instantes frágiles.

Rodeado a ciertas horas por extrañas
perfecciones de corta duración, de imprevista
llegada, sorprendido
por un tono de luz inesperado
que alumbra el aire inmóvil.

(De los árboles sale olor de lluvia
un olor de humedad y de madera)

Suspendida en el aire
una hoja de sauce tiembla y gira.
Una tela de araña la sostiene.
La tela es invisible.
La hoja es como un signo
amarillo en el aire

y gira.

III

Varios relojes invisibles miden
el pasaje de distintos tiempos.
Tiempo lento: las piedras
vueltas arena y cauce
del río.

Tiempo
de estiramientos:
despacioso, invisible
el reloj vegetal da la hora verde
la hora roja y dorada, la morada,
la cenicienta.

Todas acompasadas, silenciosas
o con un son oscuro, que no oímos.

Apoyado a la vez en roca y árbol
un ser de parpa

IV

Cabeza y cola de un celeste
brillo metálico.
Cuerpo y alas finísimos.
Vuelan de a dos, sin ruido.
Las ramas crujen bajo el pie. Zumbidos
de otros insectos, gritos agudos de los pájaros
rumor del agua y del follaje, viento.
Aun cerrando los ojos, todo existe.
Es un ruido, un olor de tierra y agua
un frescor en la piel…
Solo ellas solas
se dan solo a los ojos, fugazmente.
Pequeño, fino vuelo silencioso
celestes rayas rápidas.
Aquí y ya no. Ahora y ya no más.
Libélulas.

V

Río y monte cubiertos de niebla
ingresan fácilmente en lo «ya visto»
se vuelcan sin conflicto en el recuerdo.
Vienen ya tan modestamente
descoloridos! Tan apenas
anuncian su presencia. Nada imponen.
Sugieren vagamente,
sin mayor convicción, como si hablaran
–lenguaje de la niebla– a medio tono.
Claro que pueden despertar angustia
pero solo al querer forzarlos, revelarlos.
Déjala así. Acepta esta luz blanda.
Deja a la venda húmeda que toque
el ojo herido.
Déjala.

VI

Nada alto, filoso ni blanco.
Sólo estas verdes lomas, esos conos truncados
que parecen mostrar murallones y ruinas.
Se sube así nomás, no es una hazaña
trepar allí donde se ve en redondo
un horizonte circular remoto.
El verde fuerte asalta.
Atropella el azul. Estás parado
en el centro del día transparente.
Estás vestido de una luz redonda.
El aire te sostiene.

I . Nerina Coronel . Solo estoy pidiendo que llueva

I
Estoy rogándole a Once que
llueva más fuerte.
No hay suficiente barro en las veredas.
Estoy suplicando que la ventana
se agigante y me abrace
hasta escurrirme todas las flores
de malvón descuidadas.
Estoy insomne dando vueltas
monoambientales, humedeciendo el único
espejo de la casa, de la pequeña caja,
para dibujar escenas y hablarlas
mientas Once solo deja resbalar
un puñado de desorientadas gotas de nada.
Estoy incendiando mis horas.
Estoy cavando la superficie de los días.
Estoy enterrando los árboles de la noche.
Solo estoy pidiendo que llueva
tan firme, tan espeso, tan frío
que apague de un único golpe mojado
la encendida piel de mis manos.

.

Uno de los poemas del primer libro de mi gran compañera Nerina Coronel, La incendiada del espejo, que se presenta este sábado aquí.

Adrienne Rich por Sandra Toro . IV . mi enojo incurable, mis heridas insuturables se abren más con las lágrimas

IV

Vuelvo de estar contigo por donde la luz temprana
de la primavera destella en las paredes de siempre,
el Pez Dorado, la casa de saldos, la zapatería…
arrastro la bolsa de las compras, corro el ascensor
donde un hombre viejo, tenso, almidonado, deja
tranquilamente que las puertas casi me cierren encima.
Le grito –¡Párela, por el amor de dios!,
y él me dice –histérica– por lo bajo.
Me instalo en la cocina, descargo los paquetes,
hago café, abro la ventana, pongo a Nina Simone
que canta Here Comes the Sun… abro el correo
mientras bebo el café delicioso, la música deliciosa
con el cuerpo liviano y pesado a la vez, todavía contigo.
Del correo se cae una fotocopia de algo que escribió
un hombre de 27 años, un rehén, torturado en prisión:
Mis genitales fueron objeto de tal despliegue sádico
que me mantienen siempre despierto del dolor…
Haz lo que puedas para sobrevivir.
Sabes, creo que a los hombres les encantan las guerras…
Y mi enojo incurable, mis heridas insuturables
se abren más con las lágrimas, lloro inútilmente,
ellos todavía controlan el mundo, y tú no estás en mis brazos.

.

Poema IV de la serie “Veintiún poemas de amor” de Adrienne Rich (la segunda de su libro El sueño de un lenguaje en común, de 1978) en la bellísima traducción de Sandra Toro que salió publicada a principios de este año.

nada de eso

tener el pelo rojo

el jopo

perfectamente alineado

los ojos de una geisha manga

sorprendida siempre

la forzada cintura avispa

de una modelo de los cincuenta

no es garantía de mucho

 .

si intentan copiarme

la onda, la figura

para alguna producción animada

si se cuenta mi historia

espero elijan a alguien imponente

con rostro acuático

de delfín

 ..

porque reflejar

un poco al menos mi sirenidad

exige no pose, sino destreza:

hay que saber

cuándo sacar a relucir las piernas

y cuándo llevar casi con altanería

estas escamas tornasol

que se acompasan sin costuras

en mi piel

 .

para hacer de mí

deberás estar dispuesta a revelar

mi verdadera historia:

yo me adueñé del hechizo

que me lanzó la bruja

del fondo del océano

y lo uso a voluntad

 .

deberás demostrar

que lo has logrado todo:

caminar kilómetros bajo el sol

con la tierra caliente en las suelas

agitar los muslos

como la chica de flashdance

correr

como si huyeras del mayor dolor

solo por el placer

de que se te cansen las piernas

sentir en todo el cuerpo su latido

el de ellas, y no

el de ningún corazón

.

al llegar a tu casa terrestre

te sumergirás entera en la bañera

en la deliciosa agua salada

que unas tuberías especiales

te traen directamente del mar

 .

ahí respiran mis aleteantes escamas

y en el silencio nocturno de los humanos

refulge mi hermosísima cola

.

y mi voz

que ningún embrujo será nunca

capaz de quitarme,

canta

 .

si puedo serlo todo

por qué debería elegir.

nada de eso

si soy ambas cosas

mujer de piernas, sirena

mujer anfibia

the man who sold the world . bowie . stipe

Nos vimos en la escalera,
hablamos de lo que hicimos.
Yo no estuve ahí pero igual
me dijo que era su amigo,
no podía creerlo y le hablé
directamente a los ojos:
¿no te habías muerto solo
hace muchísimo tiempo?

¿Yo? No, yo nunca
perdí el control.
Estás frente al hombre
que vendió el mundo.

Me reí, le di la mano,
y me volví a mi casa.
Busqué la forma, el lugar,
deambulé por tantos años,
los miraba fijo, sin ver,
eran millones, millones.
¿Y si nos morimos solos
hace muchísimo tiempo?

¿Quién puede saberlo?
Yo no. Nosotros nunca
perdimos el control.
Estás frente al hombre
que vendió el mundo.

.

Mi traducción octosílaba (las dos estrofas principales) al castellano.

La letra original aquí.

La interpretación-homenaje (creo que tanto a Bowie como al cover de Nirvana) de Michael Stipe aquí.

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Mucho se ha dicho sobre el significado de este tema; a mí me interesa tanto de este texto: la idea del desdoblamiento del yo, los saltos temporales, el viaje, las dudas, que todo se condense en un hombre que vende el mundo (que engaña al mundo y a la vez se vende a él). Y que seamos nosotros los que quedemos frente a ese hombre, en un último desdoblamiento-espejo.

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