si no soy capaz de traducir o de metaforizar . julia kristeva

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«… la traducción -nuestro destino de ser hablante- detiene su marcha vertiginosa hacia los metalenguajes o las lenguas extranjeras, que son otros tantos sistemas de signos alejados del lugar del dolor. Trata de volverse ajena a sí misma para encontrar, en la lengua materna, una “palabra total, nueva, ajena a la lengua” (Mallarmé), con el objeto de captar lo innombrable. El excedente de afecto, pues, no tiene otro medio para manifestarse que producir nuevos lenguajes, encadenamientos extraños, idiolectos, poéticas. Hasta que el peso de la Cosa originaria prevalece y toda traducibilidad se vuelve imposible. La melancolía culmina entonces en la asimbolia, la pérdida de sentido: si no soy capaz de traducir o de metaforizar, me callo y muero.»

Julia Kristeva

De su obra Sol negro, Depresión y melancolía

.

La fotografía, Sol de noche, es de Isadora Paolucci

Presentación de El amor en Blade Runner

Este libro está compuesto por una serie de poemas, cuya primera versión (salvo el texto que hace de epílogo, posterior) escribí de un tirón una noche-madrugada hace unos años, después de (volver a) ver Blade Runner, en su versión original, la del final con Rachael y Deckard escapando entre montañas al sol (hay quien piensa que ese final grandilocuente es cursi, allá ellos). Y después de haber leído esto que dice Suely Rolnik (que alguna vez ya compartí por acá hace un tiempo). Aquí va un fragmento: “…entramos en el cine y en una ciudad del futuro -no tan distante-, descubrimos que más allá de esos dos vectores se delinea toda una experimentación de construcción de otros territorios de deseo. Ridley Scott nos introduce en ese mundo, en su película Blade Runner, a través de Deckard, primer hombre casi replicante y Rachael, última replicante casi humana. Nos quedamos con la esperanza -tal vez ingenua- de que inventaron otra especie de amor. Nos quedamos soñando con la posibilidad de otras escenas.”

Construir otros territorios de deseo. El nombre de este blog nace también de esa idea, la posibilidad, a la que no debemos renunciar nunca, de inventar(nos) nuevas escenas.

Guadalupe Faraj me invitó a leerlos hace dos años en un ciclo hermoso que coordinaba, Bosque Buscas, y allí Bruno Rota, querido amigo y artista visual, los escuchó.

Luego vino su propuesta de diseñar un libro ilustrado, con una técnica increíble. Y empezó a tomar forma un colectivo artístico, Espiral 6. Un espacio de amistad y de amor, desde el cual nos impulsamos con la suavidad de las líneas curvas, la suavidad que quiere Rolnik.

Y hoy se presentan Espiral 6 y El Amor en Blade Runner en Yapeyú, un bello lugar, galería-taller-espacio abierto que tiene mucho también de construcción espiralada. Cercano a mi-nuestra nueva casa, y cercano al Frida, a lo que el futuro ya trae. Así, arremolinado.

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Hoy a las 19 se presenta en Yapeyú
la primera producción de Espiral 6
El Amor en Blade Runner, poemas de Daniela Camozzi
Diseño e ilustración de Bruno Rota
Encuadernación de NATAS cuadernetas
Hablará del libro Martín Sánchez Ocampo

Valeria Cervero . Sin órbitas . una parte de este mundo protege su pausa

una parte de este mundo protege su pausa
una pausa indefinida, sin brillo
sin grandes promesas de amansadores

¿querés partir?
¿querés quitar los anzuelos?
¿querés devolver el golpe?

cada espera es la nota de muchos
en el silencio
la casa de años, su seña
tardes de tilos en otra infancia

una parte de este mundo protege su pausa
mientras la sombra miente
márgenes sin viento

¿querés llegar?
¿querés retornar descalza?
¿querés más acá nombrarlo?

sin repetirnos volvemos a sernos
tal vez abajo

los restos de un cuerpo, la nada de un cuerpo
en la marea
que despedaza y contiene a la vez

.

Del último libro de Valeria Cervero, Sin órbitas, publicado recientemente por la editorial El Ojo de Mármol

el estiramiento del cuerpo

Mis pies están desnudos.
Quise hacer el movimiento descalza
a pesar del cemento frío del piso, sentir
la superficie completa de las plantas, la yema
de cada uno de los dedos.
Trato de estirarme, me tuerzo de golpe, los pies
se me arquean como las garras de un ave de presa
como la grampa que sujeta las vías.
Debo estar haciendo algo mal.
Cómo es, pregunto, y me responden:
vaya primero desde la espalda y después
estire la cintura, después las caderas
y la parte anterior de las piernas:
la mente tiene que recorrer todo el cuerpo
como una corriente eléctrica.
Así llegará a estirarse y verá
sus palmas apoyadas completamente en el suelo.
Los pies cederán, ya verá. Vaya de a poco.
Vuelvo a intentar. No sé si podré
alguna vez lograrlo.
Imagino a mis pies, felices y anchos,
esperándome ahí abajo, mientras yo
aprendo el estiramiento del cuerpo, el ejercicio
de ir de a poco, la práctica
de la paciencia.

La que camina . Gabriela Mistral . Locas mujeres . como ella vagabunda

Aquel mismo arenal, ella camina
siempre hasta cuando ya duermen los otros;
y aunque para dormir caiga por tierra
ese mismo arenal sueña y camina.
La misma ruta, la que lleva al Este
es la que toma aunque la llama el Norte,
y aunque la luz del sol le da diez rutas
y se las sabe, camina la Única.
Al pie del mismo espino se detiene
y con el ademán mismo lo toma
y lo sujeta porque es su destino.

La misma arruga de la tierra ardiente
la conduce, la abrasa y la obedece
y cuando cae de soles rendida
la vuelve a alzar para seguir con ella.
Sea que ella la viva o que la muera
en el ciego arenal que todo pierde,
de cuanto tuvo dado por la suerte
esa sola palabra ha recogido
y de ella vive y de la misma muere.

Igual palabra, igual, es la que dice
y es todo lo que tuvo y lo que lleva
y por su sola sílaba de fuego
ella puede vivir hasta que quiera.
Otras palabras aprender no quiso
y la que lleva es su propio sustento
a más sola que va más la repite
pero no se la entienden sus caminos.
¿Cómo, si es tan pequeña la alimenta?
¿Y cómo si es tan breve la sostiene
y cómo si es la misma no la rinde
y a dónde va con ella hasta la muerte?
No le den soledad por que la mude,
ni palabra le den, que no responde.
Ninguna más le dieron, en naciendo,
y como es su gemela no la deja.
¿Por qué la madre no le dio sino ésta?
¿Y por qué cuando queda silenciosa
muda no está, que sigue balbuceándola?
Se va quedando sola como un árbol
o como arroyo de nadie sabido
así marchando entre un fin y un comienzo
y como sin edad o como en sueño.
Aquellos que la amaron no la encuentran,
el que la vio la cuenta por fábula
y su lengua olvidó todos los nombres
y sólo en su oración dice el del Único.

Yo que la cuento ignoro su camino
y su semblante de soles quemado,
no sé si la sombrean pino o cedro
ni en qué lengua ella mienta a los extraños.

Tanto quiso olvidar que le ha olvidado.
Tanto quiso mudar que ya no es ella,
tantos bosques y ríos se ha cruzado
que al mar la llevan ya para perderla,
y cuando me la pienso, yo la tengo,
y le voy sin descanso recitando
la letanía de todos los nombres
que me aprendí, como ella vagabunda;
pero el Ángel oscuro nunca, nunca,
quiso que yo la cruce en los senderos.

Y tanto se la ignoran los caminos
que suelo comprender, con largo llanto,
que ya duerme del sueño fabuloso,
mar sin traición y monte sin repecho,
ni dicha ni dolor, nomás olvido.

.

Poema de la serie “Locas Mujeres”, del libro Lagar (1954)

.

Como dice Verónica Zondek aquí, en estos poemas Mistral es todas: “yo soy todas y todas son yo, y eso es lo que hay, sobre eso me paro, desde ahí hablo, soy y me asumo”.

 

 

Circe Maia . Poemas de Caraguatá (Imagen final). El aire te sostiene

I

A la hora final
cada uno tendrá su pequeño paisaje
para borrar con él esa penumbra
de habitación de enfermo.

Este trozo de río no está mal, por ejemplo,
para guardarlo así: las costas verdes
rodeándolo, brillante, silencioso.

Y son dos movimientos:
mientras el bote avanza
sin ruido, hacia delante,
la imagen, al contrario,
va hacia atrás, silenciosa,
abriendo el pensamiento
y ancla profundamente.

Cuando toque soltar amarras
de una vez para siempre
el viajero no habrá de ver los muros
–frascos, cama, remedios–
sino este río inmóvil
bajo la luz del sol, resplandeciente.

II

Pequeños paraísos imperfectos
y aún así, aún así, paradisíacos
instantes frágiles.

Rodeado a ciertas horas por extrañas
perfecciones de corta duración, de imprevista
llegada, sorprendido
por un tono de luz inesperado
que alumbra el aire inmóvil.

(De los árboles sale olor de lluvia
un olor de humedad y de madera)

Suspendida en el aire
una hoja de sauce tiembla y gira.
Una tela de araña la sostiene.
La tela es invisible.
La hoja es como un signo
amarillo en el aire

y gira.

III

Varios relojes invisibles miden
el pasaje de distintos tiempos.
Tiempo lento: las piedras
vueltas arena y cauce
del río.

Tiempo
de estiramientos:
despacioso, invisible
el reloj vegetal da la hora verde
la hora roja y dorada, la morada,
la cenicienta.

Todas acompasadas, silenciosas
o con un son oscuro, que no oímos.

Apoyado a la vez en roca y árbol
un ser de parpa

IV

Cabeza y cola de un celeste
brillo metálico.
Cuerpo y alas finísimos.
Vuelan de a dos, sin ruido.
Las ramas crujen bajo el pie. Zumbidos
de otros insectos, gritos agudos de los pájaros
rumor del agua y del follaje, viento.
Aun cerrando los ojos, todo existe.
Es un ruido, un olor de tierra y agua
un frescor en la piel…
Solo ellas solas
se dan solo a los ojos, fugazmente.
Pequeño, fino vuelo silencioso
celestes rayas rápidas.
Aquí y ya no. Ahora y ya no más.
Libélulas.

V

Río y monte cubiertos de niebla
ingresan fácilmente en lo «ya visto»
se vuelcan sin conflicto en el recuerdo.
Vienen ya tan modestamente
descoloridos! Tan apenas
anuncian su presencia. Nada imponen.
Sugieren vagamente,
sin mayor convicción, como si hablaran
–lenguaje de la niebla– a medio tono.
Claro que pueden despertar angustia
pero solo al querer forzarlos, revelarlos.
Déjala así. Acepta esta luz blanda.
Deja a la venda húmeda que toque
el ojo herido.
Déjala.

VI

Nada alto, filoso ni blanco.
Sólo estas verdes lomas, esos conos truncados
que parecen mostrar murallones y ruinas.
Se sube así nomás, no es una hazaña
trepar allí donde se ve en redondo
un horizonte circular remoto.
El verde fuerte asalta.
Atropella el azul. Estás parado
en el centro del día transparente.
Estás vestido de una luz redonda.
El aire te sostiene.